Ayer volvía en el 24 tan pero tan cansada que decidí tomarme una siesta. Decirdirlo me costó tanto como conseguir un asiento y unos 20 segundos más. Estaba en uno de esos de dos del lado del pasillo. Cuando esto me pasa me invade un miedo tremendo, que de todas formas no es rival suficiente para la siesta. Porque cuando hay ventana el miedo es otro. Ahí el miedo es clavarme el fierrito ese para abrir y cerrar en la cabeza que provocará que me desangre mientras pierdo masa encefálica en la vía pública justo cuando no estamos cerca de ningún hospital, y entonces llamen al SAME que no viene porque estamos en provincia cosa que conduciría a que la parca se suba al bondi me agarre de la mano y me lleve sin escalas al sueño más largo de todos.
Igualmente ese miedo es totalmente insignificante ante la posibilidad de que un hilito de baba devenido en río sea emanado de mi boca. Sí, es que cuando una no tiene dónde mierda apoyar la cabeza pasa eso. Es que no te queda más remedio que apoyarla en la manija esa de atrás del asiento. Entonces lo que sucede es que por la ley de gravedad sencillamente no podés evitar abrir la boca. Justamente este es el mayor peligro de todos porque como es bien conocido la boca abierta en estado de somnolencia no hace más que ser conducto del mencionado líquido.
Mi inconciente o mi yo interior o un enano como el de Amelie, pero más chiquito, me despertaron algunas veces para así poder cersiorarme de que no estuviera haciendo tamaño espectáculo babarístico y por sobretodo para que me fijara que mi acompañante no estuviera soportando el peso de mi moyera y menos que menos que yo estuviera humedeciéndolo con tal brevaje. Una vez corroborado esto volví a mi más dulce sueño de donde ni las tres llamadas Hnito K N4 pudieron sacarme.
Me
Hace 5 semanas
